Quienes somos

La 33 surgió en el año 2001 cuando los hermanos Sergio y Santiago Mejía reunieron a un grupo de músicos para formar una orquesta de salsa. Curiosamente, quienes acudieron al llamado no eran intérpretes de salsa, sus influencias eran ritmos más urbanos como el rock, el jazz y el reggae; esta mezcla de sonidos ha sido desde entonces la esencia misma de la banda, que además se ha inspirado en el formato neoyorquino de los años 70, donde los sonidos rudos y sucios de la urbe se mezclan con los ritmos caribeños conservando una formación clásica de percusión y vientos introduciendo, como las orquestas de Nueva York, ese sonido seco y cadente del saxofón. Pero no es solo este el sello de la orquesta, hay uno menos perceptible desde la técnica: la banda surgió en Bogotá, la misma ciudad que vio nacer a la mayoría de sus integrantes. La capital colombiana no ha sido una ciudad reconocida por tener una tradición salsera, como sí sucede por ejemplo en ciudades como Cali y Barranquilla, y aunque sí hayan espacios underground para los bailarines, intérpretes y melómanos, las emisoras y las discotecas comerciales han tenido a este género un poco relegado. Así, La 33 comenzó como el sueño de unos amigos que querían hacer música. Se reunían a ensayar en una casa en la Calle 33 con Carrera.15, de ahí el nombre de la orquesta, y rápidamente lograron ser convocados en bares tradicionales de la ciudad como Quiebracanto, fiestas privadas y festivales pequeños donde interpretaban clásicos de la salsa y canciones propias como El tornillo de Guillo, Manuela y La pantera mambo; esta última, una interpretación del clásico de Henri Mancini que marcaría de forma definitiva la historia de la orquesta. Se dice que viene de frente En 2004 graban La 33, su álbum debut, con el cual se insertan de manera contundente en la escena de la salsa colombiana con canciones como Soledad, La pantera mambo y Qué rico boogaloo. Pero no fue un proceso fácil, sin el respaldo de una compañía disquera el disco empieza a moverse fuera del circuito radial y se distribuye de forma independiente. Los conciertos pequeños en bares y festivales ya habían logrado insertar en la memoria de los salseros ese riff de Henri Mancini con 33 revoluciones de más y el vertiginoso ensamble de los vientos y los cueros. Rápidamente la orquesta entendió que no sería la industria quien definiría la música de La 33; la banda busca posicionarse más como un movimiento musical en el que se reflejan las transiciones personales de cada uno de los integrantes de la banda, las luchas internas, el amor, el desamor, las ganas de vivir y de bailar. La pregunta por la música como un oficio ya estaba resuelta a medias. La música es una manifestación vital y necesaria para cada uno de los integrantes de la orquesta, pero ¿es posible vivir de la música en un país como Colombia? Con paciencia esta duda se fue esclareciendo; en 2005 la banda comienza una etapa de giras que iniciaría en Ecuador y culminaría en el año 2006 en Europa; además, algunos de los sencillos ya estaban sonando en listados under internacionales.

Oye, gózalo con La 33

2007 fue un año importante para La 33. La orquesta ya había sorprendido al público internacional, ya sonaba en las discotecas bogotanas y comenzaba a insertarse en la rumba nacional, pero el público aún no reconocía las caras que conformaban la agrupación. La Feria de Cali, un escenario salsero tradicional, fue el espacio donde se reveló este enigma, un combo de bogotanos conquistando el mundo con ritmos robados de otras ciudades. El lanzamiento del segundo álbum, Gózalo, muestra una faceta más experimental con fusiones de latin jazz, ritmos caribeños y géneros como el rock que se reinterpretan a partir de canciones emblemáticas como Plinio Guzmán de Lucho Bermúdez, en donde se mezclan el porro con la salsa; La tormenta de Charlie Palmieri, el clásico del Jazz My favorite things y temas propios con varias tendencias musicales. Ten cuidado, el tercer álbum, contiene 11 sencillos entre los que se destaca Roxanne, un cover de la banda de rock inglesa The Police que muestra el lado rockero de la mayoría de los integrantes de La 33. Este trabajo, además retoma ritmos más clásicos como el boogaloo, el mambo y el funk, alejándose un poco de la experimentación y volviendo al formato de salsa clásico. Los contenidos de las letras toman un carácter un poco más social que íntimo, además de reivindicar la cultura salsera en Bogotá. Para este momento La 33 ya está más que posicionada en Colombia como una de las orquestas de salsa más importantes, una que le da la talla al Grupo Niche, la Orquesta  Guayacán y Fruko y sus tesos. Su música suena en discotecas, emisoras y grandes conciertos, en los cuales han compartido escenario con artistas de la talla de Willie Colón, Los Van Van, Roberto Roena, Joe Arroyo, Cheo Feliciano, Moby y Kinky, además de participar en importantes festivales internacionales como el Tempo Latino en Vic-Fezensac (Francia), el Festival de Roskilde (Dinamarca) y el Bonnaroo (Estados Unidos).

Tumbando por ahí

Tumbando por ahí es el cuarto trabajo de La 33. El álbum, que se lanzó en 2013, muestra la madurez musical de la orquesta, y esta vez se impone en su pura esencia el sonido de la salsa clásica de los 70. Por primera vez la orquesta cuenta con la participación de un productor y fue grabado en bloque, es decir, los músicos tocando al mismo tiempo en un mismo lugar. Richard Blair, productor musical y líder del grupo Sidestepper, logra recoger el sonido y el poder que tiene la orquesta en vivo. Tumbando por ahí es sobretodo honesto, demostrando que durante más de una década la orquesta ha experimentando con la música reinventándose y regalándole al público toda su energía. Resume la historia de La 33 y de sus músicos a partir de canciones, y, aunque actualmente solo se mantienen tres integrantes de la formación original, desde sus inicios, la consigna de la banda ha sido la unión y la amistad.